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Ubi spiritus libertas

Escrito por María Jimena
en octubre 01, 2019

La importancia de hablar en público nos parece obvia para ciertas carreras. El ejemplo más claro podría ser Derecho, o tal vez, Comunicación. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la capacidad de transmitir un mensaje no se limita exclusivamente a estas disciplinas; es una habilidad básica para toda interacción humana. Sin ir más lejos, un médico que tiene que dar un diagnóstico a un paciente no puede ni debe utilizar términos técnicos, pues sería contraproducente. No sólo confundiría y alarmaría al paciente. Es posible que lo incomodara al grado de alienarlo de su propio tratamiento al hablarle de su cuerpo como si fuera algo que nunca va a poder comprender. Para evitar este tipo de situaciones, vamos a analizar los elementos de un discurso efectivo.

En primer lugar, está la argumentación. El argumento es el mensaje que se desea transmitir y debe estar basado en premisas claras e identificables, que se puedan explicar a la audiencia. La argumentación entonces consistirá en la exposición del punto al que se quiere llegar, pero también de por qué el comunicador llegó a ese pensamiento. El explicar el proceso mental de manera clara, apoyándose en datos sólidos y no sólo en opiniones, consigue dos cosas: Inspira confianza en lo que se dice y le da validez empírica al argumento.

En segundo lugar, tenemos la credibilidad. Estudios han demostrado que en la comunicación humana, sólo el 7% depende de las palabras que se dicen. El 93% restante es comunicación no verbal. En esta última categoría entran la presentación personal, las expresiones faciales y el lenguaje corporal.

En este punto, es vital que comprendamos la importancia de hacer que el público se sienta cómodo con el orador. Por ejemplo, no se debe:

  1. Cruzar los brazos. Denota un cierre al diálogo.
  2. Levantar la barbilla. Señal de agresividad.
  3. Caminar hacia atrás. Miedo a la audiencia.

Algunas cosas que sí puedes hacer son:

  1. Mostrar las palmas de las manos. Esto hace que el público sepa que no ocultas nada.
  2. Hacer contacto visual directo.
  3. Caminar. Abarca más espacio y mantienes la atención de tu audiencia.

En nuestro tercer punto vamos a hablar de lo que Aristóteles llama el kairos, decir lo adecuado en el momento adecuado. Está es probablemente la parte más adecuada de cualquier discurso, ya sea una clase, un guión, o un pitch de ventas. Tienes que saber a quién le estás hablando. Si el público no empatiza contigo no importa qué tan elocuente o cierto sea tu mensaje, no te van a poner atención.

Es muy importante para cualquier profesionista el saber explicar sus ideas y su mensaje. No sólo para que el equipo con el que trabaje pueda operar de manera más eficiente, sino también para explicar lo que está haciendo a gente externa y convencerlos de que es la manera adecuada de proceder. Recuerda que parte de la comunicación está en la escucha.

Para poder convencer a una audiencia tienes que entenderla. Recuerda las tres partes del discurso: datos, credibilidad y empatía.

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