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Escrito por María del Rocío Montalvo
en abril 08, 2022

Mi nombre es María del Rocío Montalvo, estudiante del último semestre de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Panamericana y, gracias a mi asesora académica, tuve el honor de participar de la Ceremonia de Investidura de Grado de Investigación y Docencia de la universidad el día 29 de marzo.

Ceremonia de Investidura UP

Cuando la orquesta y el coro de la universidad comienzan a entonar el Gaudeamus Igitur, sin saber por qué, me dan escalofríos. Ni siquiera sé qué dice la letra en latín, no obstante, al ver a mi asesora Gabriela Valdivieso tan emocionada a mi lado, sé que algo grande está por suceder justo ante mis ojos.

Enfilados y revestidos, entran los profesores investigadores que este día serán reconocidos por la universidad por su trayectoria académica. Yo sé qué eso es lo que quiero, pero no sé cómo alcanzarlo y tengo la esperanza, mientras veo a los distintos profesores con sus capones y birretes del color de su área de estudio, de poder encontrar la respuesta en este evento.

Encuentro entre los investidos al director de la Escuela de Comunicación, el Dr. Mariano Navarro, y observo que sus vestes académicas son color gris claro. Por un segundo, sueño con vestir las mismas prendas algún día, pero me pregunto, angustiada, en cuánto tiempo será. Sé que, por lo menos, en el siguiente año no sucederá, pero quizá en unos cinco o en unos 10.

Cuando el maestro de ceremonias enuncia la trayectoria académica de cada uno de los elogiados esa noche, me quedo boquiabierta. Yo creía, erróneamente, que al llegar al doctorado uno había llegado al punto más alto y que, después de eso, todo lo demás era una simple adición al currículum, pero no era así. El doctorado es solo uno de los primeros pasos; después de obtenerlo, le toca a uno seguir comprometido con esta carrera y seguir en búsqueda de oportunidades de contribuir a la búsqueda de la verdad desde su área de conocimiento.

Dependiendo de los años de experiencia y de sus aportaciones a la academia, se les reconoce como Profesor Investigador Asociado, Asistente, Titular A, B, C o, el más alto, Titular D. Los compañeros se aplauden unos a otros, se felicitan, comparten la alegría de su compromiso y trabajo y, por un momento, sueño con encontrarme entre ellos algún día. Entre ellos, los colores del capón y gorro no entran en discordia. No hay discusiones sobre quién aporta más a la sociedad, ni qué carrera es más difícil, ni mucho menos quién ha hecho un trabajo más meritorio que el otro dependiendo del nivel alcanzado.

Ceremonia de Investidura

Después de las ovaciones a los que han obtenido el título de Profesor Investigador Titular D, obtengo la primera respuesta a mis dudas. A la investigación académica no se entra simplemente porque “te gusta investigar” o porque “se te da bien escribir”. A la investigación académica se le dice que sí por voluntad propia, porque esta es verdaderamente una vocación que durará, si Dios así lo quiere, toda la vida y será el camino que más feliz y pleno te hará, siempre y cuando tú estés comprometido y dispuesto a aceptar todo lo que implica.

Al terminar el evento, busco la letra del himno que no había llegado a entender y obtengo la segunda respuesta a mis dudas y cuestionamientos. Uno de los versos del himno reza así:

Vita nostra brevis est, breve finietur.

Venit mors velociter,

rapit nos atrociter,

nemini parcetur.

Que se traduce de la siguiente manera:

Nuestra vida es corta,

en breve se acaba.

Viene la muerte velozmente,

nos arrastra cruelmente,

no respeta a nadie.

 

A las generaciones que están por graduarse y que están ante la puerta de entrada del mundo profesional, dentro de la cual yo me encuentro, nos han dicho continuamente que “somos la generación de cristal”, que “no aguantamos nada”, que “solo queremos obtener gratificaciones inmediatas”. Al mismo tiempo, nos dicen que “estamos en los mejores años de nuestras vidas” y que “debemos de encontrar la forma de ser los más felices posibles, porque el tiempo pasa volando”. Viendo los años de trayectoria y compromiso de los profesores frente a mí, siento un nudo en el estómago.

¿Qué tal si no soy lo suficientemente buena? ¿Qué tal si tienen razón y no soy capaz de aguantar la carga? ¿Qué tal si, verdaderamente, estoy condenada a fracasar por no ser tan fuerte y valiente como los que me precedieron?

Y, entonces, me vino a la cabeza la frase que me dijo la Dra. María Fernanda Vidal unos meses atrás, cuando recién había considerado adentrarme al mundo de la academia. Ella, citando a Isaac Newton, expresó que en el mundo de la investigación, debemos reconocer que “estamos parados sobre hombros de gigantes”. Observando a “los gigantes” frente a mí, comprendí que ellos también alguna vez vieron a sus propios gigantes y sintieron miedo, pero está en cada uno decidir subir a sus hombros, partir de la verdad que han sido capaces de encontrar y mirar hacia adelante.

De regreso a casa, obtengo la más grande respuesta a mis dudas: la carrera académica no se da por defecto, no se cumple al momento de obtener tu título de licenciado, ni de maestro y tampoco de doctor. Se construye cada día a través de la generación de conocimiento, de la búsqueda de la verdad, en la aplicación de la curiosidad para hacer preguntas y buscar sus respuestas, por más pequeñas que parezcan y, principalmente, en el deseo de servir a la sociedad a partir de esta vocación.

Entonces, sonrío. Después de presenciar tan magno evento, me reitero que esto es lo que quiero y no planeo avanzar atemorizada. Tuve la oportunidad de participar de un día de fiesta para mi universidad y para todos los investidos esta noche y, parándome sobre los hombros de estos gigantes, me digo: “Gaudeamus Igitur” (“Alegrémonos pues”). Alegrémonos por la Universidad Panamericana, por todos los que esta noche fueron investidos y por todos los que, en algún momento de su vida, dirán “sí” a esta vocación.

Inspírate con más historias de la UP, aquí.

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