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Escrito por UP Posgrados Empresariales
en abril 15, 2019

Crear una estrategia fiscal parece complicado pero no lo es. Lo más importante es entender que en realidad es un proyecto preventivo y no reactivo, con el cual podremos optimizar los recursos de nuestras empresas al máximo mediante una serie de políticas y metodologías que nos ayudarán a cumplir este cometido.

¿Qué es una estrategia fiscal?

Toda aquella aplicación de estrategias que permitan reducir, eliminar o diferir la carga tributaria del contribuyente, apegándose siempre a lo permitido por las leyes, contando con el soporte documental que demuestre su licitud y procurando el menor riesgo.

En términos simples es una actividad a la que todos tenemos derecho, buscando disminuir los pagos realizados por impuestos de forma legal hacia el fisco. Puede aplicarse tanto en personas físicas como en personas morales, además de que puede valerse de muchas herramientas, por ejemplo, la deducción de impuestos.

Toda estrategia fiscal debe estar hecha a la medida y diseñada especialmente para cada empresa, de esta forma podremos garantizar un máximo aprovechamiento al tomar en cuenta que no existen dos compañías iguales y que una buena estrategia para un negocio podría no funcionar en otro.

Dicho esto, una estrategia fiscal conlleva una metodología que no siempre se aplica de la misma manera y en el mismo orden, sin embargo contiene lineamientos sobre los cuales podemos movernos para adquirir cierto grado de control. Según datos de Forbes, a una empresa mediana esta actividad le lleva 269 horas anuales en promedio.

Análisis y asesoramiento

Una estrategia fiscal eficiente tiene que considerar varios puntos: hay un área fiscal y jurídica para la cual es buena opción buscar asesoría de algún abogado especializado en la materia; además de temas financieros y administrativos para los que es ideal involucrar a recursos humanos y a un contador capacitado y de confianza.

Resulta pertinente tener el punto de vista de uno o varios asesores según el área, para así poder determinar el mejor curso de acción posible. Estos asesores deben hacer un análisis exhaustivo de la situación actual de la empresa y, con base en éste, establecer las acciones más oportunas a seguir.

 Implementación y reimplementación

Ya que se cuenta con un plan bien definido es necesario implementarlo dentro de la compañía. Estas políticas y lineamientos deben ser claros y de acciones simples, además hay que prever que las políticas tendrán que cambiar conforme las necesidades fiscales de la empresa avancen.

Con un plan fiscal que funciona, éste debe adaptarse y evolucionar en conjunto con el equipo de trabajo, bajo el supuesto de que la regulación cambia de forma constante, así como la facturación y las oportunidades de la empresa. Razón por la que cada cierto tiempo se recomienda no sólo adecuarlo, sino replantearlo y volver a empezar en caso de ser indispensable.

Una planeación fiscal estratégica debe tener las características de sencillez, operatividad y flexibilidad; para tales efectos, se requiere que la persona física o moral disponga de un buen control interno, oportunidad en su información financiera y contable, e incluso el pronóstico de sus actividades a corto, mediano y largo plazo para que pueda anticipar aquellos actos y procedimientos que tengan repercusión fiscal.

Si lo anterior se realiza en tiempo y forma entonces podremos ser partícipes de los beneficios que hacerlo traería:

1.- Ayuda a formar parte de una cultura de prevención, lo cual representa un ahorro de tiempo y dinero.

2.- Se detectan áreas de oportunidad en la empresa al llevarse a cabo el análisis de situación.

3.- Tiene naturaleza preventiva, lo cual evita caer en sanciones y ayuda a planear y a anticipar efectos de futuros eventos.

4.- Minimiza el riesgo y brinda seguridad al fijar el rumbo del negocio con certidumbre.

5.- Logra que la carga fiscal sea la menor posible.

6.- Se optimiza la carga tributaria, facilitando el cumplimiento de obligaciones fiscales

7.- Se ocupa del impacto futuro de las decisiones actuales.

8.- Se cuenta con un esquema jurídico integral que protegerá en todo momento el bienestar de la empresa, en caso de un conflicto, controversia o litigio que pudiera suscitarse.

9.- Se procura simultáneamente una continua revisión entre las áreas operativas de la empresa y las implicaciones tributarias que éstas pudieran tener.

10.- Se optimizan los recursos financieros de la empresa.

Una planeación fiscal estratégica permite suponer un crecimiento basado en un escenario hipotético futuro que parta de datos presentes e incluso pasados, con la intervención de todas las áreas de la empresa.

Realmente es útil que las empresas comiencen a diseñar estrategias que les ayuden a ser competitivas en el mercado, pues toda organización que desee lograr una consolidación, necesariamente debe trazar planes, metas y objetivos que efectivamente materialicen dicho escenario. Los objetivos generales de una planeación fiscal estratégica son el de abatir, atenuar y diferir las cargas fiscales, aprovechando los beneficios explícitos e implícitos que conceden las leyes en la materia.

Realizar una planeación estratégica exitosa conlleva muchos beneficios para la optimización de recursos, lo cual sólo lograrás con una buena implementación y un buen asesoramiento. La Maestría en Impuestos te enseña a volverte experto en poder generar estas estrategias de la mejor manera y en optimizar los recursos de tu empresa. Entra y conoce más sobre este posgrado.

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