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Escrito por Rocío Gómez Ruiz
en abril 29, 2020

Estas últimas semanas todo profesor se ha visto abrumado por una  lista interminable de herramientas tecnológicas nuevas (¿Ya probaste Webex? ¿NearPod? ¿Jamboard?). Algunas les resultan útiles a unos, otras a otros.  Pero, como ya sabrán, intentar cambiar de la noche a la mañana la estructura de nuestras clases para incorporar todo nuevo recurso y plataforma resulta no solo agotador sino inoportuno por muchas razones.

 

La primera se ha mencionado mucho: no todos nuestros alumnos cuentan con computadora propia, a su disposición en todo momento del día, o con una conexión de internet estable. A muchos de nuestros alumnos se les dificulta encontrar  un espacio en el hogar (compartido con familiares o compañeros de departamento) que les permita dedicarse a sus estudios.  Exigir un nivel de conectividad mayor al que pedimos al inicio del curso resulta injusto en este sentido.

 

La importancia de la estructura

 

Pero, aún si asumimos que todos nuestros alumnos cuentan con las herramientas y espacios necesarios, me parece que cambiar radicalmente la estructura de nuestros cursos no resulta la mejor estrategia. ¿No hacías quizzes antes pero ahora haces dos por tema? ¿Duplicaste el tiempo de trabajo independiente? ¿Te inventas una nueva actividad en línea por clase? Todo esto resulta abrumador tanto para los alumnos como para tí 

 

Me parece que la estrategia no debe ser planear e implementar un curso en línea a mitad de semestre, sino procurar traducir la estructura de nuestra clase presencial (aquella  que presentamos al inicio del semestre y a la cual se habituaron los alumnos):

 

  • Exposición magistral. Si tu curso gira en torno a tu exposición magistral, busca la mejor manera de llevarla de manera remota. Puedes grabarte a ti mismo exponiendo, grabar tu voz sobre tu presentación o abrir una videoconferencia con tus alumnos en el horario de clase (considera la posibilidad de que no todos tendrán la posibilidad de unirse). 
  • Quizzes, exámenes, tareas y trabajos. Mantén los requerimientos del curso que presentaste al principio del curso en la medida de lo posible (Moodle y Google Classroom permiten todos los anteriores fácilmente). Habrá algunos requerimientos que ya no hagan sentido en modalidad remota: déjalos ir. No aumentes el tiempo que el alumno debe dedicar a la materia con trabajos, actividades y lecturas extra: no le cambies la jugada a la mitad del camino.
  • Nuevas recursos y plataformas. Deja las estrategias, actividades y trabajos  que se te vayan ocurriendo para tu planeación del verano o el próximo semestre (esperemos que no): cuando el compromiso, tanto tuyo como del alumno, sea con una materia en línea.

 

La importancia de la compasión

 

Todo esto responde a lo que Brandon Bayne, profesor de la Universidad de Carolina del Norte Chapel Hill, encapsuló tan bien en su “Syllabus ajustado”: nadie pidió esto, nadie se apuntó para esto. A todos nos cambiaron la jugada a la mitad del camino. Tú no planeaste un curso en línea, el alumno no esperaba un curso en línea. Tenle compasión y tente compasión a ti mismo. No lo abrumes con expectativas y requerimientos nuevos.  No te abrumes tratando de dominar nuevas plataformas y recursos de un día para otro, no aumentes las actividades que debes calificar  a un nivel insostenible.  

 

  • Prioriza la comunicación. Los alumnos han tenido y tendrán dudas sobre cómo funcionará la materia de manera remota. Busca que la información al respecto sea clara y accesible y prepárate para contestar cuatro veces la misma pregunta sobre dónde encontrar un recurso.
  • Establece límites. Al mismo tiempo, el que tu bandeja de entrada esté repleta de  comentarios e inquietudes (de tus alumnos, de tus colegas)  a todas horas, no quiere decir que debas contestar a todas horas. Se ha hablado mucho estas semanas sobre cómo el “home office” desdibuja las fronteras entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso. Procura, en la medida de lo posible, mantener tu horario de trabajo: esa duda de la 1:00 a.m. puede esperar hasta el día siguiente.
    • Enfatiza la flexibilidad. Las circunstancias de tus alumnos y tu institución en este extraño semestre seguirán cambiando. Prepárate para ajustar el curso según necesidades del momento.
  • Deja ir tus expectativas. No será el semestre que planeaste. No podrás impartir el contenido con la calidad que te gustaría. No podrás fomentar y disfrutar las contribuciones de tus alumnos como esperabas. Por lo mismo, no podrás calificar con la exigencia que acostumbras.

 

Nada de esto es lo que esperábamos. Elige, en palabras de Bayne, la opción más humana. Que la prioridad sea apoyar a tus alumnos, a tus colegas, a tu familia y a tí mismo, como seres humanos en una crisis sin precedentes.

 

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