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Escrito por Emilia Guerrero Aguirre
en junio 25, 2020

“Las cosas no son lo que nos perturban, sino lo que interpretamos de ellas” (Epicteto)

A raíz del confinamiento he visto a una diseñadora de interiores convertirse en una excelente repostera; a una fotógrafa hacer sesiones de foto por videollamada; a chefs modificar sus menús para poder hacer entregas a domicilio; a médicos trabajar con sus miedos, emociones y estar dispuestos a ayudar a quien más lo necesita.

Al inicio de la contingencia, mis pensamientos iban ligados a todo lo que quería hacer y no podía, esto generó emociones negativas como estrés, incertidumbre, miedo y ansiedad. Pensaba que no podía tolerar el confinamiento y no quería.

Desde que tengo 15 años estoy acostumbrada a trabajar, a hacer ejercicio y a mantener mis días ocupados en un sinfín de actividades.

Vivir en la Ciudad de México va de la mano con pasar gran parte de nuestros días manejando, en continua busqueda por tener una vida más practica y, en mi caso, dedicando poco tiempo a lo que realmente me gusta.

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Una forma de cuidar mi mente y mi cuerpo es hacer ejercicio. Durante muchos años he presumido que, gracias a esto, estoy bien. Una afirmación con la que vivía es que “solo puedo hacer ejericio, si estoy rodeada de más personas, yo no puedo hacerlo sola en casa”.

Me di cuenta de que no estaba bien y puse atención a lo que pasaba dentro de mí. Me estaba peleando con la nueva realidad, no quería que mi vida fuera así, pero así es.

Entonces probé hacer ejericio en casa y lo logré; intenté dar una sesión de psicología con mi hija al lado —previamente le expliqué que iba a trabajar y que necesitaba que estuviera en silencio (¡tiene dos años!)— y lo logré con solo una interrupción para llevarla al baño. Había mucha fricción con mi esposo, no sabíamos cómo organizarnos, lo platicamos, asignamos reglas de convivencia y hoy estamos más cerca que nunca.

¿Qué pasó?

Me estoy adaptando. Estoy aprendiendo a vivir con la incertidumbre, disfrutando que hoy estamos sanos y con una dinámica familiar mejor que antes de la pandemia.

El problema no es el confinamiento ni el Coronavirus, es lo que interpetamos de todo esto.

Al inicio estaba convencida de que no quería vivir así. Hoy pienso que todo esto me ha llevado a replantearme qué estoy haciendo con mi vida y me ha llevado a valorar lo que realmente importa: mi familia.

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