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Escrito por Beatriz Léautaud
en septiembre 29, 2020

De pronto una idea cruzó por mi mente. Siempre se hablaba de las limitaciones del jazz. Se decía que el jazz debía interpretarse en un tiempo estricto, apegándose a ritmos de baile. Me decidí, si es que esto era posible, a matar esta concepción con un golpe sólido.[1] Rhapsody in Blue surgió como un propósito, no como un plan.

George  Gershwin

Esta obra icónica del S.XX fue concebida como una manera de derribar las fronteras entre la música de concierto y la música “popular”. Todas las biografías coinciden en que el tiempo de composición de la pieza fue de apenas unas semanas; lo que está menos claro es si la premura del tiempo se debe a un olvido del compositor o bien, a una decisión tardía de Paul Whiteman, director de una pequeña orquesta de jazz neoyorkina, quien comisionó la pieza.

                El compositor George Gershwin (1898-1937), hijo de inmigrantes rusos, nació en Brooklyn, New York, dentro una familia con nula tradición musical y en una ciudad que experimentaba un crecimiento exponencial en habitantes, en economía y en cultura. En una época en la que no existían la radio ni la televisión, la diversión de la clase media trabajadora consistía en jugar con máquinas tragamonedas, ir al teatro, a espectáculos de cabaret y asistir a proyecciones en las primeras salas de cine, conocidas como Nickelodeon.[2] La ciudad se enorgullecía de ser el centro de la música popular en el país. En Harlem, el barrio con mayoría afroamericana, imperaban el jazz y el rag time, entre otros movimientos artísticos de literatura, plástica, teatro y danza, muchos de ellos con mensajes políticos y sociales, que buscaban darle voz a las minorías.

            George nunca fue buen estudiante. Dejó la educación formal a los quince años para dedicarse por completo a componer y a ser un song plugger.[3] Por lo que se refiere a su educación musical, Gershwin estudió el piano de 1910 a 1918, aunque en su autobiografía dice que desde los 6 años sintió una fuerte atracción por la música clásica. Sin ser alumno regular en ningún conservatorio, hay evidencias de que Gershwin estudió armonía, contrapunto y orquestación por dos años.

            Existen numerosas versiones que alteran el manuscrito original para dos pianos compuesto por el mismo Gershwin. David Schiff menciona no menos de cuatro versiones adicionales, que permiten que la pieza sea interpretada tanto por banda de jazz como por una orquesta tradicional.[4]

            La obra consta de seis temas perfectamente identificables, con rasgos melódicos, armónicos y rítmicos en común, que se entrelazan de manera un tanto arbitraria. Leonard Bernstein comentó en alguna ocasión que Rhapsody in Blue no podría ser considerada como una composición tradicional ya que se pueden omitir, intercambiar o añadir nuevas cadencias a secciones enteras, sin afectar la coherencia y la totalidad de la obra. Es decir, ¡puede ser una pieza de cinco o de doce minutos! El análisis a profundidad de cualquiera de estos temas merecería una contribución por sí sola. Véase el ejemplo de los primeros compases del tema 1.

Tema 1 (cc. 2 – 5)

Tema 1 (cc. 2 – 5)

          Desde el primer momento puede observarse la inclusión de las llamadas “blue notes”, que no son sino una escala diatónica en la que se introducen la tercera, la quinta y la séptima descendidas, pero que proporcionan una paleta sonora muy particular, que inmediatamente nos remite al mundo del jazz.

            Una de las razones del éxito de esta composición es su naturaleza sumamente dúctil y original, que demuestra un enorme virtuosismo por parte del compositor y requiere igual dominio técnico por parte del ejecutante.

            Por otro lado, la circunstancia histórica en la que surge la pieza fue inmejorable: Nueva York en los años veinte, el epicentro y crisol cultural y económico de la vida en la parte este de E.U.A. Basta comparar el éxito de Gershwin frente al éxito y fama de sus contemporáneos o incluso sus predecesores: Aaron Copland (Concierto para Piano y Orquesta), Hindemith (Neues von Tage), Ravel (Blues Sonata y Concierto para la Mano Izquierda), Stravinsky (Ragtime), Milhaud (La Création du Monde), Debussy y Satie. Todos ellos excelentes músicos, sin embargo, con poca penetración en el mercado masivo.

            El manejo de marketing, cuando aún no se tenían nociones de esto, fue fantástico: un compositor sin aparente preparación -o sea, cercano a la generalidad del público- que, en un momento de inspiración, ¡crea una obra maestra! Mito que fue cultivado por el mismo Gershwin, así como por sus herederos. El surgimiento de las grabaciones de discos también fue vehículo de comercialización fundamental en la penetración del mercado y en el éxito económico de la obra.

            La aparición de Rhapsody in Blue el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall de Nueva York, da el empujón definitivo a su creador. Si bien el joven Gershwin comenzaba a despuntar en teatros y cabarets y ya había establecido contacto con los músicos profesionales de la ciudad, esta obra lo catapulta a la fama como intérprete, compositor y hombre de negocios. La gran aportación de Gershwin al mundo musical es la extraordinaria síntesis que logró entre la tradición clásica y otras formas musicales populares, re-expresándolas en una forma muy personal.


Beatriz Léautaud es graduada de la Licenciatura en Música e Innovación en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Panamericana, donde cursó el área de interpretación en canto clásico.

George Gershwin y el Jazz como material sinfonico 2

George GershwinGeorge Gershwin y el Jazz como material sinfonico 1

Beatriz Léautaud

George Gershwin y el Jazz como material sinfonico.

Beatriz Léautaud en el papel de “la bruja” en la ópera Hansel y Gretel de  Engelbert Humperdinck en el CENART, 2019.

 

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[1] cfr. Schiff, D. Gershwin. Rhapsody in Blue; Cambridge University Press, N.Y.; p. 12

[2] Llamada así por el costo de la entrada: 5 centavos o un níquel.

[3] Músico que interpretaba piezas para darlas a conocer a clientes potenciales como estudios, editoriales o aficionados al instrumento. Indispensable en la promoción musical cuando no existían otros medios de reproducción o promoción. Grababa también rollos con música para pianolas, lo que implicaba largas horas de práctica frente al instrumento, ya que debían mantener los acordes presionados mientras la máquina perforaba los rollos.

[4] En febrero de 2020, la OSIPN ofreció una interpretación de la modalidad orquestal de la obra con el maestro Santiago Piñeirua, profesor de la EBA, como solista al piano: https://www.facebook.com/ludwigcarrasco/videos/272237797559582

 

 

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