La productividad se define como la relación económica entre la producción obtenida y los recursos utilizados para generarla (capital, trabajo y energía, por ejemplo).
El crecimiento de una organización o nación depende en gran medida de la Productividad Total de los Factores (PTF), la variable que mide la eficiencia con la que se combinan los recursos.
Se debe tener cuidado de no caer en la “trampa de la productividad”, en la que se asume que más tiempo de trabajo equivale a mayor productividad. En México, la carga laboral es extenuante, pero muchas veces no demuestra mayor eficiencia operativa. A su vez, reducir la jornada tampoco genera “mágicamente” mayor eficiencia.
Para encontrar un punto de equilibrio se deben utilizar herramientas de medición precisas que nos ayuden a saber si la organización convierte sus recursos en valor real o si es momento de cambiar de estrategia.

Taxonomía de los Indicadores de productividad
Para un diagnóstico empresarial efectivo la productividad se debe medir de forma integral y no sólo el volumen físico. En específico, la evaluación de la salud organizacional necesita incluir tanto las dimensiones financieras y operativas como las humanas y cualitativas.
Indicadores cuantitativos:
Reflejan los rendimientos obtenidos a través de números, por lo que las métricas son estadísticas concretas:
- Productividad del trabajo y eficiencia técnica: se calcula tradicionalmente como la relación entre el valor agregado y las horas-hombre o número de empleados.
Para un análisis más riguroso, se pueden usar modelos como el Análisis Envolvente de Datos (DEA), que identifica a las unidades con el mejor desempeño posible y las agrupa en una “frontera de producción” (una línea de eficiencia máxima).
Con esta comparación, se puede medir la distancia que las separa del rendimiento óptimo. Así, la dirección puede identificar las áreas de oportunidad para cada sección de la organización.
- Rentabilidad y margen: la tasa de margen sobre ingresos y la rentabilidad sobre la inversión total sirven como evidencias directas de la salud económica.
Cuando hay una estructura de precios estable, el incremento en estos porcentajes confirma que la organización utiliza sus recursos de manera adecuada y eleva su productividad global.
- Productividad Total de los Factores (PTF): es el mejor indicador para medir el impacto de la tecnología y la excelencia en la gestión.
Para calcularla, se toma el crecimiento total de la producción y se le resta la parte que corresponde a haber contratado más insumos (personal y/o tecnología). El resultado revela la eficiencia en la combinación de recursos y el valor generado por la innovación.
En la actualidad, la riqueza generada con herramientas digitales supera la capacidad de medición de los registros estadísticos. En consecuencia, suele ignorarse el impacto de estos medios que, a pesar de tener un costo monetario bajo, elevan drásticamente la eficiencia operativa de una empresa.
Por ello, es conveniente actualizar los criterios de medición para conocer realmente qué aportan los datos. Un caso similar ocurre con los indicadores cualitativos.
Indicadores cualitativos:
Son activos intangibles que, aunque su medición escapa de la precisión numérica, resultan muy valiosos para el éxito sostenido a largo plazo. Los principales son los siguientes:
- Satisfacción del cliente y fidelidad: la percepción de valor por parte del cliente valida la estrategia de eficiencia interna.
- Talento humano y clima laboral: se debe evaluar la competencia, la motivación y el entorno laboral, ya que un clima adverso obstaculiza el aprendizaje y la innovación.
- Calidad de la gestión: la reducción de no conformidades y la gestión de calidad disminuyen desperdicios y reprocesos, lo que eleva la productividad real.
Es totalmente recomendable evitar la adopción de indicadores que, aunque sean llamativos en los reportes, no tengan utilidad estratégica.
En cambio, un KPI que sí funciona permite a la dirección identificar desviaciones, corregir el rumbo y alinear los esfuerzos con los objetivos organizacionales para un crecimiento real.

Factores duros y blandos que determinan la productividad
La productividad es el resultado de una interacción compleja entre la dinámica interna de una empresa y su contexto (dinámica externa). Esta interacción está llena de variables que influyen en el resultado final.
Factores externos:
En el caso de América Latina, y específicamente en economías como la mexicana, hay barreras estructurales que no dependen directamente de la organización y limitan el potencial de crecimiento:
- Entorno macroeconómico e institucional: un entorno político, jurídico o de infraestructura volátil y lleno de incertidumbre y opacidad desincentiva la inversión a largo plazo en tecnología y capital humano.
- Informalidad y estructura del mercado: la alta prevalencia de la informalidad laboral ha fragmentado el mercado y reducido la productividad agregada.
Las empresas informales, en su mayoría, operan a menor escala y con tecnología obsoleta. Además, la falta de competencia efectiva en ciertos sectores permite la supervivencia de marcas de baja calidad, cuando en un mercado más dinámico se verían obligadas a innovar o salir.
- Formación de los colaboradores: existe una brecha significativa entre las habilidades que demanda el mercado (pensamiento crítico, resolución de problemas complejos y dominio técnico de tecnologías) y las que ofrece la fuerza laboral promedio.
- Rezago en activos intangibles: a diferencia de las economías avanzadas, donde la inversión en I+D, software y bases de datos impulsa el crecimiento, en la región persiste una dependencia excesiva de los activos tangibles.
Factores internos:
La mayor varianza en la productividad entre empresas de un mismo sector se explica por lo que ocurre en su interior. La gestión administrativa y la cultura organizacional potencian o frenan el desempeño:
- Cultura organizacional y liderazgo: el liderazgo que fomenta la autonomía, el aprendizaje continuo y la comunicación efectiva aumenta la motivación.
Por el contrario, estructuras jerárquicas rígidas y climas laborales tensos incrementan la rotación del personal y merman el sentido de pertenencia con la marca.
- Incentivación de crecimiento: los sistemas de incentivos, la capacitación constante y el diseño de planes de carrera son herramientas que permiten combinar los objetivos individuales con los corporativos. Recuerda que el capital humano es el único activo que puede innovar y mejorar los procesos por iniciativa propia.
- Tecnológica y procesos: la tecnología por sí misma no es garantía de mayor productividad; es la reingeniería de procesos en sintonía con la tecnología la que genera valor.
La automatización de tareas repetitivas y el uso de sistemas de gestión (como ERP y CRM) permiten concentrarse en las actividades creativas y críticas, ambas de mayor valor agregado.
- Innovación y cambios de paradigma: la capacidad de una empresa para adaptar su propuesta de valor a las necesidades cambiantes del cliente define su resiliencia y sostenibilidad.
Esto implica mejorar constantemente el producto, así como reinventar la forma en que se crea y captura valor.
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A su vez, los criterios ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) se han vuelto determinantes en la rentabilidad a largo plazo.
Ya no se puede ignorar la eficiencia energética o el impacto social, pues se arriesga la licencia para operar y se daña la reputación de la marca ante los clientes, inversores y organismos evaluadores. Además, buscar mejores prácticas para cuidar el medio ambiente es un buen fin en sí mismo.
Hacia la consolidación de una empresa de frontera
Las organizaciones que lideran el crecimiento de la productividad, denominadas “empresas de frontera”, se distinguen por su capacidad para manejar en conjunto la inteligencia artificial generativa y el análisis de datos masivos en su núcleo operativo. Podemos sintetizar estos cambios en las siguientes prácticas clave:
- Uso de IA agencial: los agentes autónomos son capaces de ejecutar tareas complejas, como la atención al cliente y la optimización logística. Estos no sustituyen el juicio humano, pero actúan como copilotos con la capacidad de realizar tareas de apoyo para los equipos de alto rendimiento.
- Ecosistemas digitales: la integración de servicios financieros, logísticos y operativos en ecosistemas digitales es una buena solución para reducir costos de transacción y aprovechar los efectos de red.
El uso del Análisis Envolvente de Datos (DEA) ha permitido que las empresas optimicen su operación al identificar problemas de eficiencia que la contabilidad de costos tradicional no tomaba en cuenta.
Asimismo, la reingeniería de procesos mediante agentes de IA en el sector financiero ha logrado liberar un alto porcentaje del tiempo de analistas senior, para que puedan enfocarse en la resolución de problemas de alta complejidad y decisiones éticas.
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FAQs❓
¿El micromanagement realmente destruye la productividad o asegura la calidad?
+¿Aumentar salarios garantiza una mejora en los indicadores de desempeño?
+¿Es lo mismo perseguir la eficiencia operacional que la productividad estratégica?
+¿Por qué la inversión en tecnología no siempre se refleja en la PTF?
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Referencias:
- Edenred. (2025, julio 30) 10 factores externos que afectan a una empresa y cómo resarcirlos. Edenred. https://www.edenred.mx/blog/factores-externos-que-afectan-a-una-empresa-y-como-resarcirlos
- Fontalvo-Herrera, T., De La Hoz-Granadillo, E., & Morelos-Gómez, J. (2017). La productividad y sus factores: Incidencia en el mejoramiento organizacional. Dimensión Empresarial, 16(1), 47–60. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1692-85632018000100047
- Vergés, J. (2011, mayo). Eficiencia empresarial comparativa: Indicadores y técnicas de análisis para la evaluación de la eficiencia de entidades productivas. Departament d’Economia de l’Empresa, Universitat Autònoma de Barcelona. https://webs.uab.cat/jverges/wp-content/uploads/sites/391/2009/05/Eficiencia-empresarial-compartiva-indicadores-y-tecnicas-de-analisis.pdf










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